Pelícanos blancos en el Lago de Chapala, Jalisco. (EFE)

Cientos de pelícanos blancos americanos, también llamados borregones, viajan miles de kilómetros desde el norte del continente para refugiarse en las cálidas aguas del Lago de Chapala y la laguna de Cajititlán, en el estado mexicano de Jalisco.

Entre noviembre y abril, estas aves huyen del intenso frío de Estados Unidos y Canadá para buscar el clima cálido de la ribera de Chapala, que comprende los estados de Michoacán y Jalisco.

Este lago mexicano está considerado como un sitio Ramsar -calificación de importancia internacional- por ser un humedal con las características propias para la conservación de la diversidad biológica, por lo que se convierte en el lugar ideal para recibir a esta especie.

El sitio preferido del pelícano blanco se encuentra cerca de la isla de Petatán, en el municipio mexicano de Cojumatlán, donde hay una alta disponibilidad de peces como las mojarras y las carpas.

Parte de la parvada llega también a la laguna de Cajititlán, en el municipio de Tlajomulco, a poco menos de una hora de distancia de la zona metropolitana de Guadalajara, capital de Jalisco.

La blancura de las plumas de los pelícanos y el brillante color amarillo de sus picos se convierten en un espectáculo natural para quienes acuden a descansar a la orilla de este vaso lacustre y desde lejos se les puede ver buscando su comida o descansando.

Son aves migratorias que realizan un recorrido desde la parte norte del continente y llegan aquí al lago de Cajititlán en busca de refugio, alimento y para descansar en la temporada”, dice a Efe César Moreno, biólogo del área de rescate y fauna silvestre de Tlajomulco.

Foto: Migración de pelícanos a México, 1 de marzo de 2019, Jalisco
Migración de pelícanos a México. (EFE)

Migración de pelícanos a México. (EFE)

El pelícano borregón habita y se reproduce en aguas dulces del sur de Canadá y el norte de Estados Unidos.

Está considerado una de las aves más grandes de Norteamérica. Su envergadura puede ser de entre metro y medio y tres metros de largo y algunos pesan hasta siete kilos.

El pelaje blanco y abundante de los pelícanos juntos ha hecho que la gente le ponga el nombre de borregón, pues a la distancia parecieran un rebaño grande de borregos, dice el especialista.

Aunque esta ave no está en peligro de extinción sí es considerada como una especie prioritaria para su conservación por la migración que realizan, agrega.

El pelícano se desplaza en grandes parvadas que se dispersan en varios pequeños grupos a lo largo de las aguas de la Ribera de Chapala.

Las aves descansan y se recrean en las aguas de esta región hasta donde los habitantes y algunos turistas admiran el vuelo de los pelícanos como si fueran coreografías previamente ensayadas.

La mayoría de los grupos eligen la isla de Petatán, un pequeño poblado en los límites entre Jalisco y Michoacán donde hay un Santuario y parque natural donde esta especie es protegida.

Algunas poblaciones deciden quedarse cerca de los comercios por los desechos de pescado que hay, prefieren tener alimento disponible refugiarse en las partes (bajas) de la Ribera”, dice Moreno.

Para los especialistas, la migración de estas aves es un síntoma de que el lago de Chapala y la laguna de Cajititlán aún son lugares aptos para la vida silvestre, pese a la contaminación que presentan desde hace algunos años.

Moreno afirma que las autoridades quieren generar un proyecto para promover este espectáculo natural como un atractivo turístico, parecido a lo que sucede con las mariposas monarca.

Esta iniciativa buscaría también promover el respeto al medioambiente y la protección de estas y otras especies, aunque por ahora sólo es un plan.