Abuelitas tejen plástico para hacer cobijas para los pobres

Abuelitas tejen bolsas de plástico para hacer colchonetas. (Foto: The Fountains at La Cholla)

Mujeres de la tercera edad de Arizona (Estados Unidos) usan desde hace años sus habilidades como tejedoras con un fin solidario y ecológico: transformar las bolsas de plástico de los supermercados en colchonetas para los que no tienen techo.

Cada semana, diez mujeres alojadas en la residencia The Fountains at La Cholla de Tucson y personal de ese centro se reúnen para confeccionar unos tapetes que sirven tanto como colchoneta para dormir como de cobija para taparse y que se regalan a organizaciones que a su vez los entregan a quienes lo necesitan.

La materia prima que usan son bolsas de plástico de supermercados y otros comercios que, de otra forma, quizás terminarían en el basurero municipal y que tardan centenares de años en desintegrarse.

Abuelitas le enseñan a un grupo de estudiantes como tejen bolsas de plástico para hacer colchonetas. (Foto: The Fountains at La Cholla)

Abbie Stone, directora de The Fountains at La Cholla, señaló que el proyecto comenzó hace seis años por iniciativa de Dwaine Greer, un exprofesor de Arte de la Universidad de Arizona ya fallecido.

Cada jornada de trabajo, una de las mujeres se encarga de cortar las bolsas en tiras, otra las estira y las enrolla de la misma manera que una bola de estambre y otras se encargan de tejer utilizando un gancho como los de “crochet” (ganchillo).

Abuelitas le enseñan a un grupo de estudiantes como tejen bolsas de plástico para hacer cobijas. (Foto: The Fountains at La Cholla)

Abuelitas le enseñan a un grupo de estudiantes como tejen bolsas de plástico para hacer cobijas. (Foto: The Fountains at La Cholla)

Se necesitan unos cuatro meses de trabajo para terminar cada tapete, que mide aproximadamente 1.8 metros de largo por un metro de ancho.

“Por lo menos trabajamos dos horas a la semana, aunque algunas de nosotras trabajan más horas por su cuenta”, dice Norma Brewster, de 79 años, mientras teje uno de estos tapetes.

Brewster indicó que todo el tapete se teje en “punto bajo” (single crochet, en inglés), algo fácil para esta veterana tejedora, que comenzó cuando tenía 12 años.

“Es algo que no puedes hacer por mucho tiempo, porque tus manos comienzan a doler, pero sabemos que vale la pena, porque estaremos ayudando a una persona que quizás en este momento duerme en el piso”, dice Brewster.

Hasta el momento, las bolsas de plástico no forman parte del programa de reciclaje de la ciudad de Tucson y muy pocas tiendas cuentan con un programa para reciclarlas.

Nadie ha contado cuántas bolsas se usan en cada tapete, pero se podría estimar que son varios cientos de diferentes colores.

“Constantemente me llaman para preguntar si aún estamos recibiendo donaciones de bolsas, inclusive algunas nos llegan de otras partes del país, por correo”, señala la directora de la residencia The Fountains at La Cholla.

Una vez que los tapetes son terminados, son donados a albergues y centros, que los entregan a personas sin hogar.

Cada tapete es suave, acolchado y lo suficiente cómodo para que una persona pueda dormir. (Foto: The Fountains at La Cholla)

Cada tapete es suave, acolchado y lo suficiente cómodo para que una persona pueda dormir. (Foto: The Fountains at La Cholla)

Cada tapete es suave, acolchado y lo suficiente cómodo para que una persona pueda dormir sobre él, pero también puede ser utilizado como una cobija.

Debido a que está hecho de bolsas de plástico, es liviano, por lo que puede ser llevado de un lado a otro fácilmente, de la misma manera se puede lavar y secar rápidamente.

Stone dijo que una vez vio a un hombre caminando por la calle en el centro de la ciudad y gratamente se sorprendió al ver que arriba de su mochila llevaba enrollado uno de estos tapetes.

“Nos damos cuenta que sí están siendo utilizados y que sirven a las personas sin hogar”, dice con satisfacción.

El proyecto también tiene otros beneficios: ayuda y motiva a personas de la tercera edad para que se sientan útiles y que sirven a la comunidad y hace que sus manos y su mente estén despiertas.

A pesar de ser invidente, Alice Wilse ha aprendido con mucha paciencia a tejer los tapetes.

“Tengo que poner mucha atención y concentrarme para no equivocarme,” dice Wilse mientras teje.

Las mujeres tratan de dar diferentes diseños a cada tapete, por lo que cada uno de ellos es único.

Stone indico que el programa está ganando popularidad y ahora comenzará a trabajar con estudiantes de la Universidad de Arizona y del Colegio Comunitario de Pima que se han interesado en participar.

Además, están pensando en formas de expandir este proyecto quizás a otras partes del estado o del país.

Para ello estudian hacer videos en plataformas como YouTube donde las tejedoras voluntarias hablen sobre el trabajo que hacen.

Con información de EFE.
RAMG